Introducción
La migración en México constituye un fenómeno persistente que responde a trasformaciones económicas de largo plazo y a la interacción entre diversos factores macroeconómicos. Si bien la literatura ha enfatizado variables como la pobreza, las remesas y el desempleo, existe menor evidencia empírica sobre el papel de factores agregados como la inversión productiva, el crecimiento económico y la estabilidad macroeconómica en la dinámica migratoria.
a Autor principal y de Correspondencia | Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo | Instituto de Ciencias Económico Adminsitrativas | San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo | México, https://orcid.org/0009-0006-4380-6022, Email: bu449962@uaeh.edu.mx
b Autor, Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo | Instituto de Ciencias Económico Adminsitrativas | San Agustín Tlaxiaca, Hidalgo |
México, https://orcid.org/0000-0003-3062-9961, Email: dianax@uaeh.edu.mx
Fecha de recepción: 30/01/2026, Fecha de aceptación: 11/03/2026, Fecha de publicación: 05/07/2026
DOI: https://doi.org/10.29057/caleidoscopi.v4i7.16964
Bajo esta perspectiva, variables como la inversión, el ingreso y el desempleo pueden modificar los incentivos que enfrentan los individuos al decidir permanecer en su lugar de origen o migrar en busca de mejores oportunidades en otros estados o países. En este contexto, el presente estudio analiza la relación entre la migración y cuatro variables macroeconómicas: la formación bruta de capital fijo, la inflación, el PIB per cápita y el desempleo, mediante un modelo de Mínimos Cuadrados Ordinarios (MCO) estimado en segundas diferencias para el período 1990-2024.
A partir de ello, se plantea la siguiente pregunta de investigación: ¿En qué medida la inversión, la inflación, el producto interno bruto per cápita y el desempleo explican la evolución de la migración en México? En este sentido, el objetivo del estudio es analizar el efecto de estas variables sobre la dinámica migratoria, contribuyendo a la comprensión de sus determinantes desde una perspectiva macroeconómica.
Los resultados obtenidos indican que solo algunos de estos factores presentan efectos estadísticamente significativos sobre la dinámica migratoria, destacando particularmente la inflación y el PIB per cápita. Esto sugiere que las decisiones migratorias no responden exclusivamente a condiciones de pobreza, sino también al desempeño general de la economía agregada.
Dicho de esta forma, el artículo se organiza en seis secciones. La primera corresponde a la introducción. En la segunda analiza la migración como fenómeno histórico y contemporáneo desde una perspectiva teórica. La tercera sección presenta el marco referencial, mientras que en la cuarta se expone la metodología empleada. Posteriormente, en la quinta sección, se desarrolla el modelo econométrico mediante la técnica de MCO, lo que permite profundizar en la complejidad de la relación estudiada en el contexto mexicano. Finalmente, en la sexta sección se presentan las conclusiones.
Marco teórico
El fenómeno migratorio ha sido ampliamente abordado desde distintas corrientes teóricas que permiten comprender su carácter multidimensional. En términos generales, la migración puede entenderse como una respuesta a desequilibrios económicos, restricciones estructurales y estrategias orientadas a mejorar el bienestar, en donde interactúan factores individuales, familiares y macroeconómicos.
Desde la perspectiva neoclásica, la migración es concebida como una decisión individual racional orientada a maximizar el ingreso esperado. En este sentido, los individuos comparan las oportunidades económicas entre regiones y optan por desplazarse cuando los beneficios superan los costos asociados a la movilidad. Esta lógica se formaliza en el modelo de Todaro (1969) , donde la decisión migratoria depende no solo de los diferenciales salariales, sino también de la probabilidad de acceder a un empleo en el destino. Posteriormente, Harris y Todaro (1970) amplían este enfoque al introducir el concepto de ingreso esperado ajustado por el riesgo de desempleo.
A partir de este enfoque, se derivan implicaciones claras sobre las variables económicas. En primer lugar, se espera que un mayor PIB per cápita en el lugar de origen reduzca la migración, ya que incrementa el nivel de ingreso esperado y mejora las condiciones de bienestar, disminuyendo los incentivos para desplazarse (Todaro, 1969) . En contraste, mayores niveles de desempleo tienden a incrementar la migración, al reducir la probabilidad de inserción laboral y, por tanto, el ingreso esperado en el lugar de origen (Harris y Todaro, 1970) .
No obstante, este enfoque presenta limitaciones importantes. Como señala Roldán Dávila (2012) , la teoría neoclásica asume mercados laborales eficientes y no incorpora adecuadamente las fallas estructurales ni las restricciones institucionales propias de las economías en desarrollo. Esto implica que la migración no puede entenderse únicamente como una decisión individual, sino como un proceso condicionado por estructuras económicas más amplias.
En este contexto, la nueva economía de la migración laboral introduce un cambio fundamental al desplazar el análisis del individuo hacia el hogar como unidad de decisión. Desde esta perspectiva, la migración se concibe como una estrategia colectiva orientada a diversificar fuentes de ingreso y reducir la exposición a riesgos económicos (Stark y Bloom, 1985) . Bajo este enfoque, incluso en contextos donde las condiciones económicas mejoran, los hogares pueden optar por migrar como mecanismo de aseguramiento frente a la incertidumbre.
Esta reinterpretación permite incorporar de manera más precisa variables macroeconómicas como la inflación, no como un determinante directo de la migración, sino como un indicador de riesgo macroeconómico. La inflación, al erosionar el poder adquisitivo de los ingresos y generar incertidumbre sobre su estabilidad futura, afecta la capacidad de los hogares para mantener niveles de consumo estables. En este sentido, aun cuando en determinados periodos el salario real pueda incrementarse, la volatilidad inflacionaria introduce un componente de incertidumbre que incentiva estrategias de diversificación del ingreso, como la migración (Rodríguez Benavides et al., 2020) . Por tanto, se espera que mayores niveles de inflación —particularmente cuando son inestables— se asocien con un incremento en la migración.
Por otra parte, los enfoques estructurales aportan una dimensión complementaria al análisis al enfatizar la demanda de trabajo en los lugares de destino. La teoría del mercado laboral dual, desarrollada por Piore (1979) , sostiene que las economías avanzadas generan una demanda estructural de mano de obra para ocupar empleos de baja calificación, inestables y poco atractivos para la población local. Este planteamiento se complementa con la teoría de la segmentación del mercado laboral, que destaca la existencia de segmentos diferenciados con barreras a la movilidad (Fernández-Huerga, 2010) . En este contexto, la migración no solo responde a factores de expulsión, sino también a la existencia de oportunidades estructurales en los lugares de destino, lo que refuerza los flujos migratorios.
Finalmente, la relación entre migración y desarrollo económico es más compleja de lo que sugiere la teoría neoclásica. Clemens (2014) plantea que, en etapas iniciales del desarrollo, el crecimiento económico puede incrementar la migración al relajar restricciones presupuestarias y facilitar el financiamiento del desplazamiento. Este argumento resulta clave para interpretar el papel de la formación bruta de capital fijo (FBCF). Por un lado, mayores niveles de inversión pueden generar empleo y reducir los incentivos para migrar; sin embargo, también pueden aumentar la migración al incrementar los ingresos y permitir que más hogares financien los costos asociados al desplazamiento. En este sentido, se espera que la FBCF tenga un efecto ambiguo sobre la migración, dependiendo del equilibrio entre generación de oportunidades locales y aumento de la capacidad de movilidad (Clemens, 2014) . En conjunto, estos enfoques permiten establecer relaciones claras entre las variables del modelo y la migración. El PIB per cápita se asocia negativamente con la migración desde la perspectiva neoclásica, el desempleo se relaciona positivamente al reflejar restricciones del mercado laboral, la inflación se vincula positivamente en tanto indicador de incertidumbre macroeconómica, y la FBCF presenta un efecto ambiguo al combinar efectos de generación de empleo y de facilitación de la movilidad. Esta articulación teórica proporciona una base sólida para sustentar las hipótesis del modelo y orientar el análisis empírico.
Marco referencial
El fenómeno migratorio en México constituye un proceso histórico y estructural estrechamente vinculado a la evolución económica del país. Desde hace más de un siglo, la migración —particularmente hacia Estados Unidos— ha sido una constante que responde tanto a factores internos como a condiciones externas, configurando un sistema migratorio dinámico y persistente (López Espinosa, 2019) . Sin
embargo, su permanencia en el tiempo refleja, sobre todo, limitaciones estructurales del desarrollo económico nacional.
En el ámbito interno, uno de los rasgos más relevantes ha sido la insuficiente capacidad del mercado laboral para absorber a la población económicamente activa. Esta situación ha generado una presión constante sobre el empleo, especialmente en contextos de crecimiento económico limitado o desigual. En consecuencia, amplios sectores de la población enfrentan dificultades para acceder a empleos estables y bien remunerados, lo que ha consolidado a la migración como una alternativa recurrente para mejorar las condiciones de vida (López Espinosa, 2019) .
Asimismo, el desarrollo económico en México presenta marcadas desigualdades regionales que influyen en los patrones de movilidad. Mientras algunas entidades concentran mayores niveles de inversión, empleo y dinamismo productivo, otras enfrentan rezagos persistentes en términos de ingreso y oportunidades. Estas diferencias han dado lugar a flujos migratorios tanto internos como internacionales, en los que los individuos buscan insertarse en entornos con mejores perspectivas económicas (Navarro Chávez et al., 2014)
En este contexto, la dinámica de la inversión productiva también ha incidido en la configuración de los procesos migratorios. La expansión de la actividad económica en ciertas regiones ha generado polos de atracción, pero al mismo tiempo ha contribuido a procesos de reconfiguración productiva que pueden desplazar mano de obra o modificar las condiciones de empleo. Esto sugiere que la relación entre crecimiento económico y migración no es uniforme, sino que depende de la forma en que dicho crecimiento se distribuye territorial y sectorialmente.
Por otro lado, la evolución de las condiciones macroeconómicas ha influido en la intensidad de los flujos migratorios. Episodios de inestabilidad, crisis económicas y cambios en el entorno productivo han reforzado la migración como una estrategia de adaptación frente a escenarios de incertidumbre. En este sentido, factores como la variabilidad en el poder adquisitivo y la estabilidad del ingreso han adquirido relevancia en las decisiones de los hogares, particularmente en contextos donde la seguridad económica es limitada.
Adicionalmente, la migración no solo responde a las condiciones económicas existentes, sino que también incide en el propio proceso de desarrollo regional. La evidencia muestra que los flujos migratorios pueden generar efectos diferenciados entre territorios, favoreciendo en algunos casos a regiones con mayores niveles iniciales de desarrollo y ampliando las brechas económicas (Cazzuffi y Pereira-López, 2020) . Esto pone de manifiesto el carácter bidireccional de la relación entre migración y desarrollo.
En años recientes, el contexto migratorio en México ha incorporado elementos adicionales, como la persistencia de desigualdades estructurales, la precarización del empleo y transformaciones en la dinámica económica global. Diversos análisis coinciden en que la migración continúa siendo una respuesta a la falta de oportunidades, pero también una estrategia frente a la incertidumbre económica que enfrentan los hogares (Universidad Iberoamericana [IBERO], 2020).
En conjunto, el caso mexicano muestra que la migración es un fenómeno profundamente vinculado a las condiciones estructurales del desarrollo, las desigualdades regionales y la estabilidad económica. Este contexto empírico justifica el análisis de variables económicas como el empleo, el nivel de ingreso, la inversión y las condiciones macroeconómicas, no como elementos aislados, sino como parte de un sistema que influye de manera conjunta en la movilidad poblacional.
Metodología
El enfoque de la investigación es cuantitativo y su alcance es exploratorio, descriptivo, longitudinal y explicativo, cuyo propósito es evaluar el impacto de determinados factores macroeconómicos sobre la
migración en México durante el periodo de 1990 y 2024. Con esta idea, se estimó un modelo econométrico de Mínimos Cuadrados Ordinarios (MCO) que evalúa la relación entre el número anual de migrantes (variable dependiente) y cuatro indicadores macroeconómicos: formación bruta de capital fijo, inflación, PIB per cápita y desempleo.
En primer lugar, se construyó una base de datos histórica para el periodo de 1990 a 2024, recopilando información sobre el volumen total de migrantes internacionales, obtenida del World Development Indicators del Grupo Banco Mundial (GBM). Asimismo, los datos del PIB per cápita y de la Formación Bruta de Capital Fijo (FBCF) provinieron del DataBank del propio organismo. Por su parte, el nivel de inflación anual se obtuvo a partir de las series históricas del Banco de México, mientras que el volumen de desempleo se obtuvo de las estadísticas públicas por el Instituto Nacional de Estadística y Geográfica (INEGI). Una vez realizada la investigación, todos los indicadores se integraron en una sola base de datos con series homogéneas y consistentes. Dado que algunas variables —principalmente el número de migrantes y el volumen de desempleo— presentaban observaciones faltantes o datos reportados únicamente para ciertos años, se aplicó un procedimiento de interpolación lineal con el fin de completar la serie temporal anual para el periodo 1990-2024. Este método permitió construir una base de datos continua y homogénea, preservando la tendencia general de las series sin alterar su comportamiento estructural a largo plazo. La interpolación se utilizó exclusivamente como una herramienta técnica para garantizar la consistencia temporal de los datos y si bien permite completar la serie, puede introducir cierto grado de sesgo en la variabilidad de los datos, por lo que los datos se interpretaron con cautela. En total, la serie está integrada por 35 observaciones anuales derivadas de transformaciones, interpolaciones, pruebas estadísticas y distintas especificaciones del modelo, las cuales se estimaron en el software econométrico EViews. Procediendo de esta forma, se realizó la evaluación del impacto de las variables independientes seleccionadas que influyen en el volumen de migrantes, consideradas como la variable dependiente. Para esto, se utilizaron técnicas de análisis econométrico adecuadas para la clase de datos disponibles, las variables son (Bautista Sanmartín et al., 2024) :
FBCF: Formación bruta de capital fijo. Indicador del nivel de inversión productiva, vinculado con la capacidad económica y la generación de empleo.
INF: Inflación. Medida del poder adquisitivo y de la estabilidad macroeconómica.
PIBpc: Producto Interno Bruto per cápita. Aproximación al ingreso promedio y al bienestar económico.
DES: Desempleo. Uno de los determinantes de la migración laboral.
El modelo econométrico desarrollado con estas variables se especifica en el siguiente modelo general:
Estas variables fueron elegidas por su potencial para explicar los factores económicos que influyen en la migración. Una vez integrada la base de datos y previo a la estimación, se aplicaron pruebas de raíz unitaria (Dickey-Fuller Aumentada), encontrando que las variables presentan distintos órdenes de integración. En consecuencia, se utilizaron segundas diferencia para garantizar la estacionariedad de las series y evitar regresiones espurias, después de ello, se procedió a estimar el modelo mediante Mínimos Cuadrados Ordinarios (MCO), en el que se utilizaron un total de 35 observaciones. No obstante, es importante señalar que el tamaño de la muestra implica ciertas limitaciones metodológicas. Por un lado, un número reducido de observaciones puede disminuir la potencia estadística del modelo, dificultando la detección de relaciones significativas entre las variables. Por otro lado, los resultados pueden ser sensibles a la presencia de choques económicos o cambios estructurales ocurridos durante el periodo de estudio, como crisis financieras o episodios de inestabilidad macroeconómica, los cuales
pueden influir de manera desproporcionada en las estimaciones. En este sentido, los resultados se interpretaron con cautela, reconociendo que el modelo ofrece evidencia empírica relevante, pero no concluyente sobre la relación entre las variables analizadas. Una vez mencionado esto, se aplicaron pruebas de significancia estadística individual (t-Student) y conjunta (F de Fisher), además de la evaluación del coeficiente de determinación ajustada (𝑅 2 ).
Para garantizar la validez de la inferencia, se sometió el modelo a pruebas de diagnóstico, incluyendo: heterocedasticidad, autocorrelación, normalidad del error y multicolinealidad. Con el fin de corregir posibles problemas destacados, se reestimó el modelo utilizando errores estándar robustos de White y Newey-West, que permiten obtener estimadores insesgados y consistentes en presencia de heterocedasticidad o autocorrelación.
Finalmente, los resultados fueron analizados en función del marco teórico, contrastados con la literatura y evaluados en términos de su consistencia estadística y económica. Este proceso permitió formular conclusiones sólidas sobre el papel de los factores macroeconómicos en la dinámica migratoria de México.
Desarrollo
El modelo econométrico estimado para el periodo 1990-2024 se especificó en segundas diferencias, con el fin de garantizar la estacionariedad de las series, conforme a los resultados de las pruebas de Dickey-Fuller aumentada (ADF). En consecuencia, los coeficientes se interpretan en términos de cambios en las variaciones —es decir, aceleraciones o desaceleraciones— de las variables, lo que permite analizar la dinámica de corto plazo de la migración en México.
El modelo presenta un ajuste moderado, pero estadísticamente significativo. Como se observa en la Tabla 1, el estadístico 𝐹 = 6.31 es significativo con una probabilidad de 0.000947, lo que indica que las variables explicativas son conjuntamente relevantes. Por su parte, el coeficiente de determinación R 2 es de 0.474 y el R 2 ajustado de 0.399, sugieren que el modelo explica aproximadamente el 47.4% de la variación en la migración en segundas diferencias, lo cual es consistente con modelos en diferencias que capturan dinámicas de corto plazo más volátiles.
En términos de diagnóstico, el estadístico Durbin-Watson (1.586) y la prueba de Breusch-Godfrey no evidencian autocorrelación, mientras que las pruebas de Breusch-Pagan-Godfrey y White no detectan problemas significativos de heterocedasticidad. Esto respalda la validez de los resultados estimados:
Tabla 1.
Estadísticos de Ajuste (Segundas Diferencias)
| R² | R² ajustado | F-statistic | DW |
|---|---|---|---|
| 0.474036 | 0.398899 | 6.308903(p=0.000947) | 1.585771 |
Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2025), Banxico (2025) y estimaciones de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI (2025).
De acuerdo con los resultados obtenidos en la Tabla 2, el modelo estimado se expresa de la siguiente manera:
En primer lugar, la inflación presenta un coeficiente negativo (-485.67) y es estadísticamente significativa al 5% (𝑝 − 𝑣𝑎𝑙𝑜𝑟: 0.0170), lo que confirma su papel como un determinante clave de la migración. Si bien el marco teórico sugiere una relación positiva —al considerar la inflación como un factor de incertidumbre que incentiva la migración—, el signo negativo en segundas diferencias indica que, en el corto plazo, incrementos abruptos en la inflación pueden reducir temporalmente la migración. Esto puede explicarse porque la inflación erosiona el ingreso disponible inmediato de los hogares, limitando su capacidad para financiar los costos asociados al proceso migratorio. De esta forma, la inflación presenta un efecto dual: incentiva la migración en el largo plazo, pero puede restringirla en el corto plazo. Este resultado también puede estar asociado a la presencia de restricciones de liquidez en el corto plazo. La migración implica costos iniciales —como transporte, instalación y búsqueda de empleo— que requieren disponibilidad inmediata de recursos. En contextos de alta inflación, la pérdida de poder adquisitivo reduce la capacidad de los hogares para financiar estos costos, lo que puede traducirse en una disminución temporal de los flujos migratorios. En este sentido, la inflación no solo actúa como un factor de incertidumbre, sino también como una restricción efectiva sobre la capacidad de migrar en el corto plazo.
Tabla 2.
Resultados del Modelo MCO (Segundas Diferencias)
| Variable | Coeficiente | Error Estándar | t-Statistic | Prob. |
|---|---|---|---|---|
| C | 4644.765 | 2061.662 | 2.252923 | 0.0323 |
| FBCF (∆𝟐) | -1.23E-08 | 1.06E-08 | -1.152057 | 0.2590 |
| INF (∆𝟐) | -485.6655 | 191.3999 | -2.537440 | 0.0170 |
| PIBpc (∆𝟐) | 1.160964 | 0.692123 | 1.677395 | 0.1046 |
| DES (∆𝟐) | -0.009599 | 0.010846 | -0.884973 | 0.3837 |
Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2025), Banxico (2025) y estimaciones de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI (2025).
En cuanto al PIB per cápita, el coeficiente positivo (1.16) y su significancia marginal al 10% (𝑝 −
𝑣𝑎𝑙𝑜𝑟: 0.1046) sugieren que el crecimiento económico puede estar asociado con incrementos en la migración en el corto plazo. Este resultado matiza la predicción de la teoría neoclásica, que plantea una relación negativa entre el ingreso y migración (Todaro, 1969) , y se alinea más con lo propuesto con Clemens (2014) , quien argumenta que, en etapas de desarrollo, el aumento del ingreso puede facilitar la migración al relajar restricciones financieras. En el caso de México, donde persisten desigualdades regionales y limitaciones estructurales, este resultado es consistente con la evidencia del marco referencial, que muestra que el crecimiento no necesariamente se traduce en oportunidades homogéneas, lo que mantiene incentivos para migrar.
Por su parte, la formación bruta de capital fijo (FBCF) no resulta estadísticamente significativa en el modelo base, lo que indica que su efecto sobre la migración no es claro en el corto plazo. Este resultado coincide con el carácter ambiguo que el marco teórico atribuye a la inversión, ya que puede tanto generar empleo como facilitar la movilidad (Clemens, 2014) . En el contexto mexicano, donde la inversión se
atribuye de manera desigual entre regiones, este resultado también es coherente con el marco referencial, que destaca que el crecimiento económico puede generar tanto polos de atracción como proceso de desplazamiento laboral.
En contraste, el desempleo no presenta significancia estadística, lo que contradice la predicción del modelo neoclásico de Harris y Todaro (1970) , que establece una relación positiva entre desempleo y migración. Sin embargo, este resultado es consistente con las limitaciones señaladas en el marco teórico, donde se argumenta que el desempleo abierto no captura adecuadamente la realidad del mercado laboral en economías como la mexicana, caracterizadas por altos niveles de informalidad y precariedad. En este sentido, la migración parece responder más a la calidad del empleo y a condiciones estructurales que a la tasa de desocupación en sí misma.
Para fortalecer la validez de estos resultados, en la Tabla 3, se muestra la incorporación de errores estándar robustos, donde se puede confirmar que la inflación es el determinante más consistente, manteniendo su significancia en todas las especificaciones, lo que refuerza su interpretación como un factor central dentro del enfoque de riesgo macroeconómico. Asimismo, la FBCF y el PIB per cápita adquieren significancia al 10% bajo el método de Newey-West, lo que sugiere evidencia moderada de que estas variables influyen en la migración cuando se consideran correcciones econométricas más estrictas, en línea con su papel teórico ambiguo y dependiente del contexto.
Tabla 3.
Resultados del Modelo MCO con Errores Estándar Robustos de White y con Errores Estándar Newey-West
| Huber White Hinkley (HC1) | |||
| FBCF (∆𝟐) | -1.23E-08 | 8.23E-09 | 0.1474 |
| INF (∆𝟐) | -485.6655 | 217.4067 | 0.0337 |
| PIBpc (∆𝟐) | 1.160964 | 0.755232 | 0.1355 |
| DES (∆𝟐) | - 0.009599 | 0.010716 | 0.3780 |
| HAC (Newey-West) | |||
| FBCF (∆𝟐) | -1.23E-08 | 6.44E-09 | 0.0674 |
| INF (∆𝟐) | -485.6655 | 180.2323 | 0.0118 |
| PIBpc (∆𝟐) | 1.160964 | 0.595820 | 0.0614 |
| DES (∆𝟐) | - 0.009599 | 0.012540 | 0.4504 |
Fuente: Elaboración propia con datos del Banco Mundial (2025), Banxico (2025) y estimaciones de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) y la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI (2025).
Por su parte, el desempleo no representa significancia estadística en ninguna de las especificaciones del modelo, lo que indica que no explica las variaciones de corto plazo en la migración. Este resultado, lejos de contradecir la teoría, refleja las limitaciones del indicador de desempleo en el contexto mexicano, donde predominan la informalidad y el subempleo. Desde esta perspectiva, la migración no responde directamente a la desocupación abierta, sino a condiciones estructurales del mercado laboral que no son capturadas por esta variable. Asimismo, al trabajar con segundas diferencias, el modelo capta dinámicas de corto plazo, en las cuales los cambios en el desempleo no necesariamente se traducen en ajustes inmediatos en los flujos migratorios.
En conjunto, los resultados empíricos, interpretados a la luz del marco teórico y referencial, confirman que la migración en México es un fenómeno multidimensional, en el que las decisiones de los hogares responden tanto a incentivos económicos como a condiciones de incertidumbre y restricciones estructurales. En particular, la evidencia muestra que, en el corto plazo, la migración está más vinculada a la dinámica macroeconómica —especialmente la inflación— que, a indicadores tradicionales como el desempleo, lo que resalta la importancia de enfoques que incorporen el riesgo y la inestabilidad como elementos centrales en la explicación del fenómeno migratorio.
Conclusiones
La evidencia empírica obtenida permite concluir que la migración en México durante el periodo 1990–2024 está determinada de manera diferenciada por factores macroeconómicos, respondiendo de forma más clara a algunos de ellos que a otros. En particular, y en respuesta a la pregunta de investigación, se observa que la inflación y el PIB per cápita explican de manera significativa la dinámica migratoria, mientras que la inversión y el desempleo presentan un papel menos relevante en el corto plazo.
La inflación se consolida como el determinante más robusto del modelo, lo que pone de manifiesto que la estabilidad macroeconómica es un elemento central en las decisiones migratorias. No obstante, su efecto presenta una naturaleza dual: mientras que en el largo plazo la inflación genera incertidumbre e incentiva la migración, en el corto plazo —capturado mediante segundas diferencias— puede restringirla al reducir la capacidad inmediata de los hogares para financiar el desplazamiento. Este hallazgo constituye una aportación relevante, ya que matiza la relación tradicional entre inflación y migración.
Por su parte, el PIB per cápita muestra una relación positiva con significancia débil, lo que indica que el crecimiento económico no necesariamente reduce la migración, sino que puede facilitarla al relajar restricciones financieras. Este resultado es consistente con enfoques recientes que destacan que el desarrollo económico puede coexistir con mayores flujos migratorios en economías en desarrollo. En contraste, la formación bruta de capital fijo no presenta un efecto estadísticamente significativo, lo que confirma su carácter ambiguo, mientras que el desempleo no logra explicar la migración en el corto plazo, evidenciando las limitaciones de este indicador en un contexto caracterizado por informalidad y precariedad laboral.
En conjunto, el modelo explica aproximadamente el 47% de la variación de la migración, lo que refleja una capacidad explicativa moderada y coherente con el uso de segundas diferencias. Esto aporta evidencia de que la migración no responde únicamente a variables económicas aisladas, sino a un conjunto más amplio de factores estructurales. Desde este punto de vista, el principal aporte del estudio radica en evidenciar que, en el caso mexicano, la migración está más vinculada a la estabilidad macroeconómica y a la capacidad económica de los hogares que a indicadores tradicionales del mercado laboral. Esto sugiere que las políticas públicas orientadas a incidir en la migración deben centrarse en fortalecer la estabilidad económica, mejorar el poder adquisitivo y promover un crecimiento más equilibrado.
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